Lo que le conocieron no lo podían creer. Luciano Martínez apareció muerto debajo de un frondoso árbol de su comunidad natal, llenando de espanto a todos sus paisanos.
Hacía 26 años que había abandonado su pueblito en busca de mejor vida y nadie lo había vuelto a ver, salvo cuando murió su compadre Anicete, 20 años atrás.
Por eso, cuando lo vieron atravesar la pequeña comunidad subido en la cola de un motor, todos se sorprendieron. No porque tenían decenas de años que no lo veían, sino porque pasó vestido de saco y corbata, en una zona donde el calor alcanzaba los 37 grados Celsius.
En su trayectoria no saludó a nadie, como tratando de ser invisible. Pero los que lo vieron pasar lo conocieron a leguas y a pesar de ir vestido como un hombre de oficina, lo que más llamó la atención fue esa fundita negra que llevaba en su mano izquierda, tan apretada que parecía estrangularla.
Mensaje
Para llegar allí debió recorrer 328 kilómetros en autobús. Aunque sólo necesitó 57 minutos para atravesar el pueblito en la cola del motor.
“Qué raro, después de tantos años sin venir Luciano pasó de largo en ese motor”, comentaron algunas personas que esperaban aunque sea su saludo. Cuando al pueblito llegó la noticia de que Luciano había salido de la capital con rumbo desconocido, la gente pensó lo peor.
Le llegaba a su mente aquella fundita negra en la mano izquierda a la que se aferraba como si fuera su propia vida. Y lo era, porque en ella cargaba el veneno que le arrancaría la vida.
La búsqueda empezó de inmediato. Lo encontraron debajo del frondoso árbol. Estaban él, su traje de oficina, la fundita negra ya vacía y su celular con un mensaje a su hija mayor: “Mi hija, cuando lea este mensaje yo estaré muerto”. Y así fue.
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
Comentarios (0)