Lo cierto es que el presidente Leonel Fernández ha acumulado una extraordinaria capacidad para manejarse con correligionarios, aliados y adversarios.
La última anécdota que me han contado así lo revela. Uno de los más gruesos aliados del PLD le visitó en su despacho del Palacio y, conversando sobre política, nombramientos y cargos, el visitante se durmió sentado como si nada, ¡y hasta roncaba!, lo que me aseguran que perturbó un poco al Príncipe, que prefirió terminar “el conversao” como todo un bloque: ¡Friiiooo!
Por ahora no
El pequeño ex embajador en Colombia subestimó la efectividad y penetración de los informes de inteligencia que por varias ocasiones, en los últimos meses, lo delatan en amoríos políticos con la oposición.
Sin anunciarse ni hacer cita, acudió a la Casa Presidencial, en tiempo y momento en que se enteró que el Presidente estaba allí despachando, y procuró verlo.
Usó un emisario, que ahora se lamenta de que “caí en un gancho histórico por estar de sabroso”, quien le informó al mandatario de la presencia del locuaz político ¿reformista? con la intención de que le recibiera “para ofrecerle algunos informes del interior”, recibiendo como respuesta un profundo metamensaje: “Quisiera recibir esos informes, pero junto con ellos, me gustaría que también me ofreciera los que llevó a la acera de enfrente”. ¡Ay mamá!
No está bien
Hay un importante secretario, que no es de Estado ni es ministro, cuyos quebrantos de salud están por alejarlo del puesto, pero “es tan bueno el carguito” que el funcionario no está por dejarlo así por así.
Y como sus adversarios intragubernamentales le tienen montada una fuerte campañita hablando de sus achaques, hasta sobredimensionándolos, ya sus canchanchanes han recibido instrucciones, y así lo están haciendo, de divulgar a los cuatro vientos que “el licenciado lo que tiene es una gripecita; no es nada grave”, y marginalmente, le envían “su viaje” a los que quieren relevarlo: “De manera que no se froten las manos los que quieren su puesto, que Leonel sabe que con el perfil de él, es difícil que aparezca otro al que se le tenga confianza”. Ni pallá vúa mirá…!
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