Quienes conocen a Rafaelito Alburquerque resaltan su bonhomía entre las virtudes que le adornan. Amante del bajo perfil, no anda con estridencias y se maneja sin alharaca desde la Vicepresidencia de la República, asumiendo el rol que conoce le corresponde.
El incidente del pasado fin de semana a la salida este del túnel de Las Américas lo puso en portada de los medios y de las transmisiones interminables de Radio Bemba.
El Vicepresidente no es responsable de que moviéndose a discreción, como es su costumbre, su escolta tenga que hacer frente a un vehículo que, temerariamente, le rebase y se le coloque enfrente, sin saber porqué ni para qué.
Al saberse después que el vehículo intruso era conducido por un general de la Policía Nacional, ya hay quienes le dan más de una lectura al caso.
Pero no hay que ser dramático. Se supone que un oficial que llega al generalato tiene cierta prudencia, disciplina y conocimientos como para no hacer lo que se dice hizo quien iba a bordo de la yipeta que se afirma armó este berenjenal. Todos esperamos que el resultado de la investigación sea hecho público, para frenar todas las conjeturas y especulaciones que circulan…
Degradación
A menudo nos quejamos del estado de degradación política que acusan nuestro sistema de partidos, pero poco o nada es lo que hacemos para que eso se corrija. En tiempos de elecciones siempre surge la palabra fraude como término mágico para justificar las torpezas y errores que alejan a candidatos y sus grupos del placer de saborear las mieles del triunfo.
Supuestas compras de cédulas, dislocamiento de listados, palitos, “jackeo” de documentos escaneados, complicidad de delegados, etc., son sólo algunos de los lunares con que cada vez con más frecuencia, los que pierden tratan de quitarle méritos al que gana.
¡Ah! Y otra cosa más: Aquí parece que los políticos piensan que ganar significa siempre superar al adversario con miles de sufragios, porque el que sale vencido por cientos, decenas o unos cuantos votos, siempre alega que no perdió, pide un recuento en la mesa, otro en el colegio electoral, otro más en la junta municipal electoral, y no se conforma hasta agotar el conocimiento de sus recursos en las dos cámaras de la JCE. ¡Bueeeno..!
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