Ahora resulta que José Enrique Sued da lo que no tiene, y hay lobbistas en eso también, por salir desde el ayuntamiento de Santiago, que no pudo retener en las urnas, para la secretaría general de la Liga Municipal Dominicana, en el supuesto de que el cacique higüeyanos Amable Aristy Castro, asumirá la senaduría de La Altagracia a partir del próximo 16 de agosto.
Sued ha sido un afortunado y privilegiado del reformismo, aunque “los compatriotas” de Santiago se quejen con amargura de su nepotismo en la alcaldía de esa ciudad, y parece que entiende que merece ser premiado aunque perdiera la emblemática posición edilicia en medio de acusaciones de todo tipo que deslucen tanto o más al PRSC que al saliente alcalde.
Entre los reformistas hay quienes sostienen que José Enrique “ha volado mucho para pichón” y que “ya está bueno con 12 años en el ayuntamiento y muchísimos otros más en funciones públicas”.
Ahora bien, como nunca falta quien le busque la quinta pata al gato, hay quienes sugieren que “si es darle una posición que se quiere, ahí están los consejos de Administración de varias empresas”, pero si el PRSC logra que se le permita retener la Liga hay que apuntar para otro lado…
En la gatera
Ahí es que pienso en Johnny Jones, uno de los líderes del PRSC que ha sido más firme en el apoyo al presidente Leonel Fernández y que sigue en la gatera, aunque “ha sonado” más de una vez para ser designado en una posición pública de primer orden.
Como lo he dicho antes, Johnny es de los reformistas potables, decentes y conciliadores, además de que goza de una fresca y buena imagen ante la colectividad. Si el PLD decidiera respaldar a uno de la parcela colorá para dirigir la Liga, nadie mejor que Jones en la actualidad.
Recuérdese que cuando públicamente apoyó al Príncipe, en el 2008, era subsecretario general de la Liga, por lo que conoce el funcionamiento del organismo, amén de que es un estudioso de los problemas urbanísticos, acuíferos y de medio ambiente, poseyendo una especialidad en gestión gerencial pública.
Y, sobre todo, por su proceder, se ha ganado el respeto de correligionarios y adversarios, lo que no pueden exhibir otros que quisieran el puesto.
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