Mis casi 39 años de ejercicio periodístico me han enseñado tanto a asimilar insultos que puedo decir que estoy curado. Y cada vez que soy víctima de un ataque de esa naturaleza no hago más que confirmar que, en verdad, soy periodista por vocación y convicción. Me halaga la bonanza de mis colegas que la alcanzan y no escudriño en sus orígenes.
Confieso que en más de una ocasión, he soportado con satisfacción y orgullo el calificativo de “pendejo” que hasta los suyos le dan al que no saca provecho de sus relaciones, como es mi caso. Pero, insisto, mi masiva prole tendrá que conformarse, cuando yo deje este mundo, con la herencia del respeto y reconocimiento, quizás, de un periodismo pluralista y abierto, aunque de verdades.
Estas reflexiones vienen a cuento porque acabo de recibir un mail que procura insultarme y más bien me anima a mantener mi línea. A continuación, el mensaje que por correo electrónico me envía alguien que se identifica como Antonio Tamayo, lo que supongo un seudónimo.
Veamos: “Parece que como periodista parcializado usted sigue el patrón de oír una sola campana. Vengo siguiendo sus comentarios desde hace algún tiempo, y he levantado un rating de sus ataques velados contra gente seria que hace vida pública pero que parece no es de su agrado o no satisface sus exigencias.
Los periodistas se han erigido, prepotentemente, en árbitros de la actualidad y futuro del país, se creen dueños de la verdad absoluta y procuran aplastar a todo el que no le complace.
Ese parece ser su caso, que me da tanta pena porque aunque no le conozco personalmente, aparenta que es un hombre joven. Sus escritos, sin embargo, lo dibujan como una persona no realizada, que se siente agobiada por el triunfo de los demás. Le digo esto, sin la esperanza de que usted me tome en cuenta, y mucho menos que lo publique, pero creo que debe revisarse. No hay más corrupción en otro sector de la sociedad que en el periodismo.
No tengo ninguna prueba contra usted, pero muchos de sus colegas hieden de tal forma que apestan y, sin embargo, quieren trazarle pautas a la sociedad.
Dedíquese a servir, olvídese de esos ataques sin base contra muchos de los que son el blanco de sus columnas. No se arrepentirá”. No hay comentarios.
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