En el Club Naco, que otrora fuera una de las instituciones sociales de mayor prestigio en el país, se están dando situaciones realmente preocupantes, que advierten sobre la posibilidad de que esa entidad ingrese al núcleo cada vez más creciente de las que padecen el síndrome, aparentemente cuasi generalizado aquí, de la pérdida de valores internos, que socavan -ex profeso o no- su propio prestigio y amenazan su existencia.
Se está dando en el Naco un desamor intrainstitucional que, visto desde fuera por un clubista lego como el autor de estas líneas y por muchos otros más, podría llevar a pique ese que fue buque insignia de la identidad social en tiempos idos.
Y, como en la política vernácula, cuando se busca el origen de estas situaciones, hay que encontrarse con que está bailando la figura de la reelección, que per se no la entiendo negativa, a menos que esté acompañada de la presunción mesiánica, el ego hiperinflado, lo avasallante y la sin razón; en pocas palabras: el “yo, o que entre el mar”.
He recibido información de varios amigos sin intereses en la lucha interna que se da en Naco pero que me dicen que aman a su institución, que están preocupados por lo que están viendo que ocurre allí.
Primero, se destapó un conflicto, que ya corre por los tribunales y que no pinta bien, entre la directiva y Hernani Salazar que reveló el manejo de sumas fabulosas en proyectos de la institución y que se ve como que no todo está tan claro.
Después, a propósito de las elecciones para renovar la directiva hay un escarceo de marca mayor porque se dice que en la jornada ocurrieron cosas, cositas y cosotas sobre las que estoy seguro tendremos que hablar por algún tiempo. Qué pena!
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