Todo un acontecimiento constituyó en Santiago la celebración del cumpleaños del síndico José Enrique Sued, aspirante a la reelección. Me cuentan que el festejo fue por todo lo alto, “tirando la puerta por las ventanas”, festival de fuegos artificiales incluido.
Y como en política (y ésta, aunque fue una actividad social fue política) hay cosas que se ven y que no se ven, siendo las últimas las más interesantes.
Lo que no se vio allí fue que además de la celebración, se le estaba “echando vainas” a mucha gente, incluyendo a los que se han resistido a una alianza polipartidarista para postular de nuevo a José Enrique.
En medio de la algarabía, clarito se oía en el salón a un animador que repetía sin cesar, con voz de trueno: “¡E´pá que sufran!”…
Bolas al granel
Nuestra política es tan folclórica que la industria del rumor ya sustituyó aquella citada por Angel Miolán con la premisa de que el turismo era la industria sin chimenea.
La que en realidad no vota humo es la del rumor político, que crece, crece, crece…. De ahí que corran “las bolas” al granel, por acontecimientos sobre cuyo curso no se pueden descartar los imprevistos, como el caso de la candidatura presidencial del PLD para 2012, sobre lo que rueda por ahí “la bola” de que El Príncipe impulsará el binomio Rafaelito Alburquerque-Margarita Cedeño. Los que propagan la especie lo hacen con tal convicción que hasta ellos mismos se la creen.
Un amigo peledeísta de la cúpula, es decir, del poderoso CP, a quien cuestioné sobre el tema, solamente atinó a responderme con un . “¡Je, je, je!”...
Don Polibio
El mismo amigo me recordó la anécdota aquella de don Polibio Díaz, cerebro jurídico de la administración reformista de los 12 años, quien nunca buscó protagonismo, que en una ocasión acompañó al presidente Joaquín Balaguer a un acto político, y unos lambiscones que querían “picarlo” comenzaron a lanzar la consigna ¡Polibio vice!, ¡Polibio vice!.
Al escuchar aquello, el circunspecto jurisconsulto barahonero dejó la tarima para entrarle a sombrerazos a los que vociferaban, repitiéndoles con insistencia: “¡¿Quién dijo que yo aspiro?! ¡¿Quién dijo que yo aspiro?!”. Más claro …ni el agua.
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