¿Han visto o vivido la reacción de una madre o un padre cuando ven que su hijo o su hija se cae? Desde el lugar en donde este se lanza con la idea de evitar que se dé un golpe, de ayudarlo, de aminorar las consecuencias de la caída.
Y si el pequeño o pequeña se golpea, entonces sufre tanto o más, pues es carne de su carne, sangre de su sangre, su bebé. Así es Dios con todos nosotros, sus hijos, sus pequeños, sus amados, sus bebés.
Nada más nos tambaleamos y Dios está ahí para sostenernos, y lo hace aun con los hijos malcriados. Cómo no ser eternamente agradecidos por tanto amor!
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