“Nosotros no estamos sujetos al desorden egoísta del hombre, para hacer de ese desorden nuestra regla de conducta. Pues si ustedes viven de ese modo, ciertamente serán destruidos. Por el contrario, si con la ayuda del Espíritu destruyen sus malas acciones, entonces vivirán”. Rom. 8. 12, 14.
El cristianismo implica un serio compromiso. No se trata sólo de decir “soy cristiano”, de ir a la iglesia los domingos; incluso, no se trata sólo, además de la visita al templo, de asistir a un grupo de oración o a una comunidad. Es mucho más, implica una renuncia a lo que daña nuestro crecimiento espiritual, es ser y hacer, es valentía para mostrar en toda, absolutamente en toda circunstancia, nuestra fe, nuestro amor y nuestro compromiso con Dios.
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