La perfección es de Dios. Reconozcamos lo que tenemos: los ojos, nuestra vista; nariz, nuestro olfato; orejas, la escucha; manos, nuestras obras; pies, nuestros pasos; boca, nuestras palabras; vientre, nuestros hijos; cerebro, nuestra inteligencia.
Podría faltarnos algo pero también nos sobra para dar y recibir. ¡Tenemos tanto por lo cual agradecer a nuestro Creador! Si le pedimos, démosle; si le reclamamos, entreguemos a los demás; si le debemos, seamos agradecidos.
Nuestro Padre se desvive por nosotros. Y nosotros, ¿qué hacemos por Él? Busquemos la forma de agradarlo. Por su misericordia somos lo que somos. Mi vida, mi familia, son mi mayor testimonio del amor y la fidelidad de mi Dios.
¡Qué admirable es su nombre en la tierra!
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
Comentarios (0)