“Tú que pretendes ser juez de los demás -no importa quién seas- no tienes excusa, porque al juzgar a otros, te condenas a ti mismo, ya que haces lo mismo que condenas”. Rom. 2,1. No juzgar a los demás. Siempre hemos escuchado este consejo que en momentos puede ser una “advertencia”. Incluso, nos proponemos no convertirnos en jueces y no condenar a los demás, bajo el entendido de que, “con la misma vara que midas serás medido”.
Sin embargo, cuando Pablo se dirige en esta carta a los romanos, nos dice: cuando juzgas a los demás por lo que hacen, te condenas tú mismo porque tú también lo haces.
Es el tema de la paja en el ojo del otro y la viga en el propio. Solemos ser muy severos con otras personas, pero cuando nos toca a nosotros ¿lo hacemos o lo haríamos también? Conozcamos lo de adentro antes de salir afuera.
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
Comentarios (0)