Si nos detenemos en las traducciones de las palabras que usaba Jesús al hablar, sobre todo a sus discípulos, veremos que no las disfrazaba. Era directo -incluso cuando hablaba en parábolas-; era severo y radical. Hoy no tenemos a Jesús de frente, físicamente, cuando le decimos “sí”. Quizás por eso tendemos a olvidar o “bajar la intensidad” de nuestro compromiso.
Sin embargo, el mismo Jesús a quien no podemos ver con nuestros ojos humanos, sigue ahí y nos exige, nos recuerda, nos reclama con la misma severidad, a través de los evangelios. Nos dice que al responder positivamente a su llamado debemos ser fieles a su palabra y a la nuestra y que nos deshagamos de los ruidos que nos distraen en la carrera de la fe.
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