A veces nos perdemos en dos sentidos: 1- Inmediatamente decimos que sí a Cristo y empezamos a congregarnos, desechamos a los viejos amigos como si hubieran caducado. Olvidamos que parte de nuestra misión cristiana es atraerlos y ayudarlos a encontrar el camino de la salvación.
2- Nos vamos al otro extremo: se nos hace difícil dejar nuestros vicios de siempre y nos quedamos aferrados a los ambientes que no nos ayudan a avanzar, bajo el argumento manipulado de que debemos llevar el mensaje de salvación a todos lados. Queridos lectores, ni una cosa ni la otra.
El primer extremo es sectario, el segundo, irresponsable. Dios nos llama a llevar su palabra sin discriminar, sin sectarismos y sin manipulaciones.
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