Dios es agradecido. No pasa las cosas por alto. Da y se te dará, nos ha dicho. Dios no nos quiere tacaños, nos quiere multiplicadores. No le gusta que guardemos debajo de un colchón nuestros talentos, nuestras posibilidades infinitas de ayudar; Él quiere que pongamos esos talentos a ganar intereses, e invertirlos de buena manera. Solo así tendremos ganancias, mejor aún, ganancias santas, divinas, espirituales.
Ahora bien, no quepa dudas de que Él no solo ve el resultado, también se detiene en los detalles, en el esfuerzo, en el sacrificio, en la voluntad, en la intención, en la sinceridad de tu aporte, en la honestidad de tus acciones, y todo eso lo agradece supliendo tus necesidades desde las materiales hasta las emocionales. ¡Prueba servir!
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