“Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él”. Juan 3, 17.
‘¡Arrepiéntete que el fin está cerca!’ ¿Cuántas veces hemos escuchado esta frase? En bocinas sobre algún vehículo circulando por la ciudad, desde una esquina la voz de un señor con un megáfono, en templos... ‘¡Arrepiéntete que el fin está cerca!’ Una frase acusatoria y condenatoria al mismo tiempo.
Desde que Jesús se fue, su regreso es inminente. Pero la conversión no puede estar sustentada en el pánico, ni el llamado a conversión en acusación intimidatoria. Jesús vino a salvarnos a través de su sacrificio y de su mensaje de amor, ¡ese es nuestro llamado a la salvación! El fin puede ser en unos segundos o en un millón de años, lo importante es lo que hagamos para merecer la eternidad.
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