Los escribas eran expertos, maestros de la ley, toda una autoridad. Los fariseos eran una clase con características político-religiosas que llegó a considerarse superior entre los judíos. Jesús cuestionaba a ambos grupos pues se amparaban en la Palabra de Dios, pero a la vez buscaban la manera de burlarla para justificar sus acciones sectarias e intolerantes y su desprecio a los que no eran como ellos.
Exhibían su poder y su autoridad ocupando los primeros asientos en el templo, amando ser llamados maestros, sentándose en el trono de Moisés. Jesús decía: “todo lo hacen para que los vea la gente”. Así que llamaba a respetar su prédica, pero no sus prácticas. Cuidémonos de vivir como escribas y fariseos.
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