Y -David- escribió en la carta, diciendo: Poned a Urías al frente, en lo más recio de la batalla, y retiraos de él, para que sea herido y muera”. 2 Sam. 11. 15.
David fue un hombre de Dios, pero tuvo su época de “gran pecador”.
El deseo por una mujer casada lo cegó al punto de trazar una estrategia para que Urías, el esposo de esta mujer llamada Betsabé, muriera en el frente de batalla. Fue algo horrible de lo cual David se arrepentiría el resto de su vida. ¿No habremos hecho nosotros algo parecido, pero en otras circunstancias?
¿Habremos, en algún momento, destruido las ilusiones y los proyectos de alguien para lograr nuestros objetivos?
¿Simplemente para lograr lo que queremos? Cuidémonos de no convertirnos en aniquiladores de otros “Urías”.
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