Cada día es un nuevo día. No hay día tan parecido al anterior como para suponer que nos quedamos en tiempo pretérito.
La fe nos levanta, nos hace nuevos, nos pone en perspectiva hacia todo aquello que Dios tiene para nosotros todo aquello que nos llena de vida, porque somos vivificados por la fe. Solo levantarnos sanos es un hermoso milagro de amor divino.
Empecemos por nuestros sentidos: ver la luz entrar por la ventana, escuchar los primeros sonidos matinales, oler el aroma del café recién colado…saborearlo, tocar la mejilla del que tenemos a nuestro lado… y aunque nos faltare algo de esto, nos abundan otras cosas. ¿No es perfecto Dios? No tenemos excusas, estamos más que compensados.
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