Dios no nos llama a ser conformistas, pero sí a ser personas agradecidas. Cuántas veces nos quejamos porque nos falta algo que no es imprescindible, ni siquiera necesario y mucho menos importante.
Llegamos a maldecir por tonterías que no salieron como queríamos. Echamos pestes al muchachito que quiso limpiar el vidrio de nuestro vehículo sin pedir permiso, o por otra absurdidad.
¡Cuán insensatos somos tantas veces los seres humanos! ¡Tenemos tanto y sólo vemos lo que nos falta o lo que nos fastidia! El contentamiento por lo que tenemos y el agradecimiento al Señor por todo lo que nos suple es algo tan sencillo y tan grande al mismo tiempo.
El agradecimiento, no el conformismo, es parte de nuestra superación espiritual y nos muestra nuestra propia abundancia.
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