No son las palabras, es el fervor.
No es el discurso, es tu convicción.
No son tus cualidades, es tu entrega.
No es el lugar, es tu sentimiento.
No es tu inteligencia, son tus intenciones.
No es sólo lo que proclamas, es tu decisión.
Cuando oras, Dios escucha.
Cuando pides ayuda, sanidad, milagros, con convicción y creyéndole a Él, Dios actúa.
Cuando oras con fervor, con convicción, con entrega, con sentimiento, con sinceras intenciones, con determinación, te coloca en ese nivel en el que el Señor dice: “he hallado fe… será sano”.
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