Cuando reconocemos la existencia de Dios y aceptamos a Jesús como nuestro salvador, asumimos una responsabilidad que se profundiza en la medida que nos comprometemos con el cristianismo. Jesús dirigiéndose a sus discípulos decía: “el que persevere hasta el fin será salvo”.
¿No somos acaso discípulos de Jesús? Sufriendo la inminencia de su muerte, les decía luego: “velad y orad, para que no entréis en tentación” (Mt. 26. 41). El desgano, la debilidad ante la tentación, la intención de negación pueden venir en algún momento, pero cuando somos débiles, debemos hacernos fuertes y recordar el compromiso, para decir satisfechos como Pablo: “El Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas”, y nos dejamos levantar por Él.
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