"¿Por qué ayunamos y tú no lo ves, nos afligimos y tú no lo reconoces? Porque ustedes, el mismo día en que ayunan, se ocupan de negocios y maltratan a su servidumbre”. Is. 58.3.
Si bien el ayuno es la privación de comida, su razón de ser y su fin no se limitan a lo estrictamente físico o material. En su catequesis del Miércoles de Ceniza, el papa Benedicto XVI expresaba que el ayuno “es el signo externo de una realidad interior, de nuestro compromiso, con la ayuda de Dios, de abstenernos del mal y de vivir el Evangelio”.
No hacemos absolutamente nada, si ayunamos o no comemos carne los viernes de cuaresma y en cambio seguimos llevando una vida desordenada, revolcándonos en nuestros pecados y nuestra falta de misericordia. Ayunar debe ser una reafirmación de nuestro deseo de conversión, de nuestro compromiso de fe.
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