El Señor nos habla de múltiples maneras, pero puede ser difícil escuchar o reconocer su voz; para ello debemos estar muy atentos a sus señales, aprender a escuchar con el corazón, pues si nos limitamos al sentido humano de la audición será imposible saber cuándo quiere transmitirnos un mensaje.
Escuchar a Dios es mucho más que tratar de oírlo, es disponer nuestro corazón al señor, ponernos a su servicio, a su voluntad, a su mandato, a su guía.
Elí orientó a Samuel sobre la forma de atender al llamado de Dios: "Háblame Señor, que tu siervo escucha". Escuchar a Dios no es solo una hacer uso de un instrumento de recepción, implica una actitud de asumir y obedecer sus palabras.
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Comentarios (1)
Bendiciones para usted.