A veces nos perdemos, entendemos que si estamos en el proceso de conversión, debemos rechazar a todo aquel que no sigue nuestra religión, doctrina o estilo de vida cristiano.
Es común que cuando alguien se convierte a Cristo –sea católico o evangélico-, abandona o deja al menos a los parientes, amigos y compañeros de trabajo que siguen en “la vida mundana”.
Nada más lejos de lo que nos dice Jesús, quien nos invita, no a compartir lo que ellos hacen, no a regresar a ser el “viejo hombre” o la “vieja mujer” de la que nos liberamos, pero sí a salvar al que está perdido, desorientado, falto de espiritualidad. ¿Cómo podremos cumplir esta misión si rechazamos a los demás? Nunca perdamos de vista que Jesús asumió esta tarea a costa de su propia vida.
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
Comentarios (0)