“Vuelve ahora en amistad con Él, y tendrás paz”. Job. 22.21.
Ese gozo del que hablamos los cristianos no es fanatismo, no es una sensación momentánea, no es una emoción provocada por cánticos emotivos o prédicas sensacionalistas. Tampoco se trata de una respuesta a presión alguna. El gozo que sentimos viene de la paz que proporciona el amor inmenso, incondicional y extraordinario de Dios.
¿Cómo se siente un bebé en los brazos de su madre? ¿Cómo se siente un niño cuando papá o mamá lo acompaña a la cama hasta que se duerma? ¿Cómo se sienten los enamorados cuando están juntos? La fidelidad, la compasión, la cobertura, la bondad y el amor infinito de Dios nos producen seguridad y paz, esa tranquilidad de espíritu que se transforma en gozo y esperanza.
No es retórica, hermanos, ¡esto hay que vivirlo!
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