Job hubo de pasar enfermedad y humillación para aplacar su soberbia.
La aflicción, el rechazo y el enclaustramiento le enseñaron muchas cosas. Sobre todo aprendió Job que el ser humano es nada delante de Dios.
“Conozco que todo lo puedes”, terminó diciendo Job como proclamación de lo aprendido, pero pidió más de Dios: “Te preguntaré: y tú me enseñarás”. El Señor quitó la aflicción de Job y le duplicó las propiedades que había perdido.
A pesar de la grave enfermedad que había padecido, Job vivió 140 años. Dios, mis queridas y queridos lectores, aprovecha nuestras situaciones más difíciles para manifestarse en nuestras vidas; lo importante es que seamos lo suficientemente humildes y abiertos como para comprender que sin Él estamos vacíos.
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