Dios nos habla de muchas maneras y los testimonios son una de ellas. Reconocerlos e interpretarlos son una virtud que debemos ejercitar, pues ellos nutren nuestra fe, nos abren los ojos sobre la misericordia y la grandeza de Dios en la vida de nosotros y de los demás.
A veces escuchamos el testimonio de alguien sobre cómo Dios obró en su vida, sobre el milagro que el Señor ha hecho en él, sin embargo, en nuestra naturaleza humana buscamos, precisamente, una explicación humana, científica, comprobable.
Esto nos aleja del conocimiento de la verdad de Dios. Si los milagros pudieran explicarse humanamente, dejarían de serlo. Ahí es donde debemos dejar completa la obra de Dios, en recibirlos con los ojos y la mente de la fe.
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