Las diferencias que tenemos con las demás personas, desde las cualidades hasta el carácter, no tienen por qué ser motivo de riña o confrontación, antes bien debemos ejercer nuestro derecho a la diversidad, esa que permite que los seres humanos se complementen, no que se anulen.
Cada cual con su ‘‘sal’’, debe propiciar un ambiente de armonía, defendiendo su radio de acción, pero sin dejar de ser ente de concordia; respetando el derecho de los demás a ser y asumiendo la cultura de la paz.
Cuando expresemos nuestros deseos para la humanidad, y hablemos de la búsqueda de la paz en medio de las diferencias, transformemos ese anhelo en un hecho real partiendo de nuestro propio espacio.
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