No se trata de que seamos tontas o tontos, sino de que sepamos perdonar.
No se trata de que nos anulemos, sino de que aprendamos el sentido de la fidelidad.
No se trata de que nos ceguemos, sino de que sepamos confiar.
No se trata de que dejemos pasar sin que la otra persona conozca las consecuencias de sus faltas, sino de que aprendamos a valorar el diálogo.
No se trata de que seamos masoquistas, sino de que seamos tolerantes.
No se trata de obligar a que la otra persona cambie a nuestro favor, sino de saber negociar.
Todo esto es parte de ese amor verdadero llamado a no extinguirse cuando encuentra terreno fértil en la búsqueda de comprensión, respeto y compañerismo. Aspiremos a ese amor, practicando todo lo que él encierra.
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
Comentarios (1)