En medio de una gran depresión e impotencia ante una conspiración en su contra, Jeremías fue muy duro consigo mismo y con Dios.
Pero Jeremías fue víctima de algo que pasa frecuentemente a los que buscan del Señor: la incredulidad de quienes conocieron al viejo ser humano que busca cambiar, y la persecución de los que quieren hacer abortar el plan que Dios tiene para cada uno de nosotros.
“Cuando soy débil, entonces soy fuerte”, decía Pablo.
Esa debe ser nuestra frase de batalla en los momentos en que, como Jeremías, nos sentimos acosados, perseguidos, humillados y desmotivados.
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