El enemigo no duerme. Nos ronda. Es la guerra del cristiano: Una lucha espiritual entre las huestes del bien y las de la maldad. ¿O acaso cuando Jesús estuvo en uno de sus momentos de mayor debilidad a pocas horas de ser buscado para su crucifixión, no llegó Satanás y le ofreció “villas y castillos” para que cesara en su misión?
Hoy Satanás sigue usando sus artimañas para engatusarnos, a través de personas, de situaciones, de materialidades. Por eso debemos estar ceñidos de la armadura de Dios.
¿De qué está compuesta esta vestidura? De coraza de justicia, el evangelio de paz, el escudo de la fe, la espada del Espíritu, “que es la palabra de Dios”; pero sobre todo, la perseverancia en la oración.
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