No sólo cuando recibimos el impacto emocionante de la decisión de cambio de vida, no sólo cuando trabajamos como abejas laboriosas en la Iglesia, no sólo cuando nos sentimos comprometidos tras ver cumplida una promesa divina, no sólo cuando recargamos las pilas espirituales por haber sido testigos o testimonio de un milagro, no sólo cuando buscamos algo de Él, no sólo cuando rebosamos de alegría porque Dios ha hecho que las cosas nos salgan bien; seguir el camino que Jesús nos trazó debe ser un trabajo de cada día, una misión que no podemos dejar abortar y que debemos llevar hasta la meta aun por encima de las adversidades.
Nuestro proceso de conversión debe ser permanente y evolutivo hasta el final.
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
Comentarios (0)