Planifiquemos, proyectemos, creemos las bases para que nuestro porvenir sea positivo y bendecido, pero no nos mortifiquemos, no nos angustiemos, no suframos innecesariamente. Trabajemos y oremos.
Obtener hoy, ahora, esa “cosa” material que tanto anhelamos, no es más importante que nuestra salud espiritual: “¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? (Mt. 6. 25).
Lo verdadero, lo esencial, lo relevante es mucho más que lo tangible, que lo inanimado, más aún que las pantallas con las que cubrimos nuestras carencias. Acerquémonos a Dios y lo demás vendrá por añadidura.
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