La prudencia es una virtud pero es también una especie de arte –como diría Baltasar Gracián-, que se cultiva y perfecciona. Los años y las experiencias vividas son el torno en el que podemos modelar nuestra forma de actuar, nuestro carácter y nuestra capacidad para responder y para prever.
La vida nos da una cátedra sobre cómo ser prudente y sobre nuestro propio potencial.
La clase es gratuita, salvo ciertas ‘multas’ que se nos impone por imprudencia o insensatez. El ser proactivos nos da ventaja sobre los demás, pero debemos medir, analizar, ser cuidadosos en nuestros pasos, prevenir y prever, evitar los excesos y andar con cuidado. De eso se trata la prudencia.
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