El ser humano es, por naturaleza, imperfecto, yerra. Pero no todo su accionar responde a situaciones fortuitas; puede actuar indebidamente de manera consciente, peca en esa libertad dada por Dios. Todos lo hemos hecho y lo hacemos una y otra vez en menor o mayor medida.
Cuando somos conscientes del daño que estamos causando a otras personas, es momento de hacer un alto, recapacitar y arrepentirnos.
Nunca es tarde, pero mientras menos prolonguemos la situación, mejor. Por dolorosa, irritante o difícil que sea la decisión, hay que tomarla.
Decir que no hay nada en nuestro pasado o presente de lo que debamos arrepentirnos es vano orgullo. El reconocer que debemos cambiar, y trabajar para ello, nos proporciona paz interior.
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
Comentarios (0)