Los que hablamos de Cristo, nunca lo olvidemos: la gloria no es nuestra, es de Dios. ¿Acaso nos creemos superdotados por tener el don de llevar la Palabra y de hacerla llana a la gente?
¿A caso piensa el cantante cristiano que su popularidad viene de él mismo y que la Palabra de Dios en melodía es buena vía para riqueza, fama y exhibición?
¿A caso piensa el pastor que es dueño de su iglesia? ¿A caso cree el creyente que es un ser superior y el resto simples mortales?
La gloria no es nuestra, es de Dios. Él da la competencia y el cristiano lo representa. Nunca lo olvidemos, no seamos una carta de presentación mal impresa, hagamos brillar el nombre de Dios, porque de Él viene y es la gloria.
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