Jesús conocía la historia que inició con su nacimiento.
Sabía cómo, cuándo y dónde moriría.
Sabía que su existencia era una misión: La salvación de la humanidad, la salvación de tu alma y de la mía.
Conocedor de lo que iba a ocurrir, dejó todo listo, encomiendas y predijo lo que habría de ocurrir e incluso, como un padre o como un hermano mayor, dio paz y esperanza a sus discípulos: “No los dejaré huérfanos; vendré por ustedes…El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él”. Estas son palabras vivas, imperecederas, lo mismo para sus discípulos que para nosotros.
Nuestra esperanza está en Jesús.
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
Comentarios (2)
y al fanático no le queda otra opción que afirmar que alguien más lo ordena. Es decir, validar lo que
uno cree en lo que otro "sabe". No esperen al mesías en el futuro cercano, hace 20 siglos dijo q antes q la generación a la q se dirigía se fuera el volvería y, nada pasó.