En el libro de Isaías encontramos otra visión del ayuno. En Semana Santa o cuando tenemos alguna petición especial al Señor, solemos ayunar, lo cual está bien, siempre que nuestras acciones estén alineadas con tal sacrificio.
El Señor nos cuestiona en Isaías: “¿No es (el ayuno) que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en tu casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?” (Is. 58.7).
Más adelante, nos plantea la recompensa del sacrificio: “Y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá la luz, y tu oscuridad será como el mediodía.
El Señor te pastoreará siempre…” (Is. 58. 10,11). De esto se trata.
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