Dios no es un mago. Los milagros de Jesús no fueron actos de magia ni respondían a un montaje de circo o de mentalismo.
Cuando una persona cristiana es usada por el Señor para sanaciones, tampoco recurre a trucos insólitos.
Esto no quiere decir que no falten esos ciertos “panes sin levaduras” o esas y esos “falsos profetas” andando por ahí con espectáculos de mal gusto, engañando a los incautos y ofendiendo la inteligencia de los conocedores de la verdadera experiencia en Cristo.
No viviremos la experiencia del milagro si no está involucrado un elemento imprescindible: la fe. De otro modo, sólo veremos espejismos o proyecciones de la imaginación.
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