Cuando leo, veo, escucho, pienso en la palabra fe, veo a Jesús, necesariamente.
Lo visualizo en la cruz sufriendo por ti y por mí; lo veo en la resurrección volviendo a la vida sin fin por ti y por mí.
Lo veo cumplir la promesa, esa que no terminó un domingo.
La fe y el amor son el centro de la Palabra de Dios, aquel que nos amó primero y que ha sembrado en nuestros corazones la gratitud.
Dios nos ama y nosotros le amamos y le creemos. Si no le creemos, si no tenemos fe en su palabra, entonces nuestro amor hacia Él es vacío, más bien es inexistente.
Sin la fe, los cristianos estaríamos huecos o simplemente no seríamos cristianos.
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