Sólo podemos exteriorizar lo que está adentro. Si estamos colmados de amor no podemos expresar odio, y si estamos llenos de odio, no podemos expresar amor, a menos que sea una manifestación hipócrita.
Porque ‘‘de la abundancia del corazón habla la boca’’. Porque lo externo es un espejo de lo interno.
Es un buen ejercicio revisar de vez en cuando nuestros actos, nuestras expresiones hacia los demás, los pensamientos que nos sorprenden inmediatamente en respuesta a algún estímulo, a ver si algo anda mal.
Nunca es tarde para cambiar, pero hacer un cambio de corazón en el que no haya espacio para sentimientos negativos y en cambio, en el que abunde el amor.
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