Aprender a conocer la voluntad de Dios; adquirir sabiduría e inteligencia espiritual.
Son dos encomiendas difíciles cuando nos comportamos como niños fluctuantes, cuando somos distraídos, cuando el entorno es adverso.
Para madurar en la fe debemos ser constantes, persistentes, firmes.
No podemos dejar que los obstáculos nos distraigan, no podemos detenernos en los rencores, resentimientos, placeres, preferencias.
El tiempo es implacable y testarudo, no irá nunca más lento ni más rápido, simplemente transcurrirá sin mirar a los lados, sin tener compasión; el tiempo no nos esperará.
Si queremos ser maduros espiritualmente tenemos que aprovechar la vida, esta oportunidad maravillosa de aprender.
| < Anterior | Siguiente > |
|---|

Comentarios (0)