¿Cómo no creer en Jesús, si él se dejó vejar, tomó una cruz, se dejó clavar en ella y murió, tal como fue anunciado? ¿Cómo no creer en Jesús, cuando leemos o vemos sus milagros? Digamos que nos despojamos por unos segundos de lo espiritual y pensamos en lo que fue y en lo que hizo: ¿No hay razones más que valederas para considerar su naturaleza divina?
Meditemos en Jesús, en su vida, en sus enseñanzas y creamos en su palabra, que es la Palabra de Dios. Tomemos un tiempo de oración recordando que él es el hijo de Dios hecho hombre, que murió en sacrificio y que resucitó de entre los muertos para que seamos perdonados por nuestros pecados, y asumamos este mensaje en nuestro corazón y en nuestra mente… y veremos la salvación.
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