La idolatría no viene de Dios. Jesús nos enseñó que hay un solo Dios y que hay una sola vía para llegar a la salvación.
Los santos que conocemos en la Iglesia católica, fueron hombres y mujeres que llevaron una vida de amor y entrega a Dios, que tuvieron una vida de santificación; son nuestros ejemplos para ser creyentes firmes y perseverantes.
Las estampas de estos, son la memoria física de esas personas cuyas vidas nos han enseñado sobre el compromiso de un cristiano.
Negar el valor de los santos es una injusticia, tomar las estampas o esculturas para adorarlas es una posición exagerada de la cual Pablo nos llama a huir.
Nos lo han enseñado desde pequeñitos en el catecismo: sólo se adora a Dios.
De esos hombres y mujeres santos, debemos tomar el ejemplo y dar gracias a Dios por ellos.
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