La Palabra lo dice: En su presencia hay plenitud de gozo. Y es así, mis queridas y queridos lectores. Nada hay más placentero para el alma que gozarnos en la presencia de Dios.
Pensemos en una persona, la que más amamos o la que más admiramos, y cómo nos sentimos a su lado; esa sensación de paz, de armonía, de felicidad, de plenitud.
Todo esto podemos sentir cuando compartimos a solas con nuestro Señor, sólo que tenemos un adicional: Él también nos ama, nos acoge, nos valora, hace fiesta cuando acudimos a su presencia.
Definitivamente, es una relación única a la que debemos abonar con amor y fidelidad, con un corazón humilde, sabiendo que nuestro Padre Dios siempre nos espera con los brazos abiertos.
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