Hay para quienes el dinero y las tenencias materiales son sinónimo de poder. Para otras personas, el crecimiento de su intelecto es el poder en sí mismo.
La era en que vivimos nos coloca aún más en la competencia del poder del conocimiento.
Y podemos llegar a creernos una especie de dioses por cuanto establecemos la humana relación sabiduría-poder-control.
Y así nos vamos olvidando de la fuente de nuestra propia capacidad: Dios, quien nos hizo con un cerebro y un sistema de información que llamamos inteligencia.
Nos vamos olvidando de que Él es el principio y el fin de todo lo creado, incluyéndonos a nosotras y nosotros mismos.
Y lo cierto es que nada seríamos sin la disposición de Dios; por Él andamos y existimos.
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