Obras y fe, ambas son imprescindibles para Dios. Así como no es suficiente orar, predicar e ir a la Iglesia, tampoco es suficiente sólo hacer buenas obras y dejar a un lado la oración, la prédica y la vida en comunidad.
¿Recuerdan la parábola del samaritano? Se trataba de un judío que fue golpeado por unos malhechores que lo dejaron abandonado; entre quienes vieron al pobre hombre, sin hacer nada por él, había un líder de Iglesia, hombre que predicaba y oraba, pero no tenía suficiente compasión como para ayudar al necesitado.
Sólo un samaritano, quien dejando a un lado el odio histórico entre judíos y samaritanos, lo ayudó, pues era persona de buen corazón, compasiva y misericordiosa.
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
| < Anterior | Siguiente > |
|---|

Comentarios (0)