Hace unos años atrás mi cuñado Benny, quien es pastor, predicaba sobre los roles de los esposos en la familia. Cuando se refería a la encomienda que hace Pablo a los hombres, de ser “cabeza de la mujer”, mi hermana dijo en alta voz desde el fondo del salón: “¡Sí, él es la cabeza y yo el cerebro!”.
Todos soltamos una carcajada. Pero nada más real, la Palabra dice que la mujer debe ser “ayuda idónea” para el hombre, es decir, ese equilibrio en la planificación, en la toma de decisiones, en las finanzas, en la crianza, incluso en el desarrollo intelectual y personal de su marido.
Hemos de comprender que cada grupo debe tener un liderazgo, incluso la familia. Pero ese liderazgo debe ser bien llevado, con respeto, amor y sabiduría.
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Comentarios (1)
que hacer? Que dirija la mujer y el hombre siga siendo cabeza, pero sin cerebro.