El Presidente que elegimos libremente en comicios nacionales, los legisladores que escogimos en las congresuales, los síndicos, los funcionarios de las diferentes dependencias estatales y los jueces, todos ellos son las autoridades que rigen la nación en sus diferentes poderes; así es, a pesar de todas las imperfecciones y los vicios del sistema.
Gústenos o no, Dios nos manda a ser respetuosos de nuestras autoridades y a ser obedientes ante las leyes.
Esto no sólo es parte de nuestros deberes ciudadanos, sino también de nuestra condición de cristianos.
Si esas autoridades actúan de manera vil o corrupta, cargarán con su propia conciencia y enfrentarán las consecuencias; nosotros, por nuestro lado, simplemente estamos llamados a hacer lo que es correcto.
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