Si leemos sobre las enseñanzas de Jesús y dejamos todo esto simplemente como archivo muerto en nuestro cerebro, no hacemos nada.
Si escuchamos sobre la fe y la cultura de la paz que nos legó Jesús y dejamos que las palabras se las lleve el aire, desvanecidas como el poema de Calderón de la Barca, no hacemos nada.
Si decimos que practicamos la Palabra de Dios y en secreto la desestimamos, no hacemos nada.
La fe sin obra es muerta. Jesús lo enseñó refiriéndose a sus hechos y su discurso: “Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis” (Jn. 10.37).
Creer en Dios es escuchar, leer, conocer, asumir, decir, pero hacer, sobre todo hacer.
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